jueves, 14 de abril de 2011

No es moda, no es diseño, no es tendencia, no es color...Esto es pura realidad

Mi país acaba de ganar uno de los premios periodísticos más reconocidos: El Ortega y Gasset. Entregado anteriormente a Vargas Llosa, a Eloy Martínez, a Sabater, el premio Ortega y Gasset es un punto de referencia para el periodismo de habla hispana.


Mi país nunca antes había recibido este premio. Nunca. ¿Cuál fue la historia que hizo que un periodista de "El Faro" (el periódico digital salvadoreño con mayor circulación) ganará este renombrado galardón? Simple y sencillo. La historia es común y simple. Repetitiva y común. Con credibilidad y cotidiana. Algo con lo que me topo día a día. Algo con lo que nos topamos día a día los salvadoreños.


¿Cuál fue esa historia ganadora de un Ortega y Gasset? La narración del único criminólogo de mi país, el único especialista encargado de desenterrar a todos los asesinados que plagan las tierras de mi país, a todos los asesinados (doblemente martizados por el hecho de estar desaparecidos) que terminan en quebradas y ríos; en barrancos y hoyos; en desiertos clandestinos y a la vera del camino.


"Dios es un padre que nos ha abandonado", dice Israel, el criminólogo. Y su voz, su dolor hace eco en mi mente. Y sus palabras hacen eco en las mías.


Cualquiera debiera estar feliz por ganar un premio. Cualquier nación debiera estar feliz porque uno de sus hijos haya sido homenajado fuera de sus fronteras. No conozco a los periodista que produjeron el material multimedia galordando, pero los felicito. Sin embargo, no puedo estar feliz.


No puedo estar feliz cuando mi país gana los primeros lugares...

En criminalidad,

En delincuencia,

En deforestación,

En corrupción,

En abuso a los derechos de las mujeres.


Ganamos los primeros lugares en concursos periodísticos que muestran nuestra dura realidad. Horrorizamos al mundo con nuestra pasión por la muerte y sed de sangre. Esta es una cultura de muerte. Y los que vivimos en este estrecho país plagado de tanta miseria y dolor, nos ocultamos en nuestra propia rabia y sobrevivimos sin vivir, encerrados en nuestra casas, temiendo salir a la calle, mirando de reojo por las esquinas, temiendo el próximo días, protegiendo todo lo posible a nuestros seres queridos.

La inseguridad está de moda. La violencia. Las violaciones sexuales. Hace pocas semanas, uno de mis seres queridos ganó un premio literario a nivel nacional, gracias a un cuento que redactó y en el que retrató un asalto que sufrió en un autobús público. No hay duda, lo único que se puede decir de mi país es la realidad. Porque es lo único que tenemos.

Quisiera creer que algún día esto va a cambiar. Dudo mucho que sea posible. Quizá tengan que pasar y morir varias generaciones para que nos demos cuenta de que que ya no podemos seguir así. Realmente, creo que ya nos dimos cuenta que esto es insoportable. El problema es que este problema, ya se nos salió de las manos.