lunes, 11 de abril de 2011

El maravilloso viaje de Edward Tulane: Un libro para grandes y chicos

"Érase una vez en una casa de la calle Egipto un conejo hecho casi enteramente de porcelana. Tenía brazos de porcelana y piernas de porcelana, manos de porcelana y cabeza de porcelana, torso de porcelana y nariz de porcelana. Sus brazos y sus piernas estaban unidos y articulados con alambre para que sus codos de porcelana y sus rodillas de porcelana pudieran doblarse (...) El conejo se llamaba Edward Tulane".


Así inicia el último libro infantil que he leído, titulado "El prodigioso viaje de Edward Tulane". Además de tener unas ilustraciones maravillosas como las que podrán observar en el desarrollo de este post , me encanta la sensibilidad con la que aborda temáticas sumamente complejas y, a la vez, extremadamente humanas.



"El prodigioso viaje de Edward Tulane" es un viaje de autodescubrimiento, de humillación, de cómo el espíritu puede soportar el dolor y renacer como el ave fénix; es una historia sobre un conejo de porcelana (aunque bien podríamos ser cada uno de nosotros) que solo piensa en sí mismo, que jamás ha padecido, que jamás a amado a alguien. Sin embargo, rápidamente su fortuna cambia y conoce los peores destinos pero, a la vez, conoce a los mejores amigos y es entonces que se da cuenta de que ha sido amado y que él mismo es capaz de amar.


No obstante, amar no es sencillo: Se sufre y se padece. Las separaciones, la muerte y la maldad son los ingredientes que hacen que para Edward Tulane amar no sea sencillo y, a la vez, le hace cuestionarse sobre si de verdad vale la pena. No miento si digo que este libro me fascinó (¡hasta me hizo llorar). La vida de Edward no deja de ser muy diferente que la de todos los seres humanos: Nuestras vidas son una constante "montaña rusa": cuando creemos que estamos arriba, volvemos abajo. Siempre existe la posibilidad de "probar" el cielo y el infierno a la vez.



Una historia repleta de sensibilidad humana. Un final inesperado y maravilloso. Ilustraciones dignas de ser enmarcadas para una habitación infantil. Un empastado precioso.


¿Qué más pedir de un libro?