viernes, 2 de marzo de 2012

Cuando muera quiero recordar...

Fotografía de "Petek Design"
1. Que amé y fui amada.

2. Que disfruté de mi juventud.

3. Que durante el tiempo que fui maestra, puedo decir que lo hice lo mejor que pude y que me interesé por dejar mi país mejor de lo que lo encontré.

4. Que aunque tarde, a los veinticinco años de edad me empecé a aceptar como era.
5. Que aunque me resistía a ser "locamente" feliz, en un momento de mi vida me planteé la firme decisión de ser tan feliz como fuera posible.

6. Que tuve un padre tierno, con manazas cálidas, un tanto crítico y sobreprotector, pero justo, bueno, sincero...y que sobre todo amó a sus hijos por sobre todas las cosas.

7. Que tuve una madre que hizo el que considero ha sido el sacrificio más grande de toda su vida, un sacrificio que probablemente yo sería incapaz de emular: Abandonó su profesión y su independencia económica para cuidar a tiempo completo de mí y posteriormente de mis hermanos. Me iré a la tumba agradeciéndole lo que hizo, su devoción constante, su amor, su bondad infinita...recordaré a la madre que amó a sus hijos por sobre todas las cosas.

8. Que tuve dos hermanos que acompañaron mi vida. Probablemente recordaré las peleas que tuvimos y que no siempre los comprendí y ellos tampoco a mí (y es que lastimosamente el cerebro nunca omite lo negativo), pero sobre todo recordaré su risa afable y cantarina que rodeó mis días tristes y felices y la complicidad que compartimos a pesar de nuestras diferencias. Recordaré que los quise mucho y ellos a mí, y que fueron unos formidables "compañeros de viaje".
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9. Que la "Mounstri" y el "Bilbo" (nuestros dos conejitos) me dieron mucho más de lo que recibí de ellos. Gracias a ellos dejé de sentir asco al besar a un animal, tragué (literalmente hablando) cientos de cabellos conejiles que me causaron mucha alergia, me tiré al suelo para tenderme boca arriba junto a mis amadas mascota, lloré de rabia durante dos días cuando la mounstri murió, aprendí que es mejor que las mascotas mueran en casa (en vez de llevarlas donde un veterinario para que él las ponga a descansar) y conocí de cerca los lenguetazos calientes, los arrumacos cálidos, las miradas de amor y la compañía incondicional que solo los animalitos domésticos y nuestros seres queridos más cercanos son capaces de brindarnos. Gracias por ello.

Cuando muera espero recordar lo bella que fue mi vida, a pesar de su imperfección. Recordaré que el tiempo no fue en vano, que no lo desperdicié, que lo disfruté y que no me arrepentí de nada.

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