domingo, 20 de marzo de 2011

#1: Lo más maravilloso...Alimentar mi adicción por el queso

Desde que era niña me encantó el queso. Siempe que me servían un pedazo, me lo comía inmediatamente y corría al refrigerador a tomar una pedazo más. A veces, llegaba al colmo que, teniendo el objeto de mi tentación al alcance de la mano (específicamente, en la refrigeradora) durante la noche me levantaba de la cama, abría el refrigerador, tomaba la marqueta y le daba un buen mordisco: Sí, así era de salvaje en esos tiempo, tan salvaje, que hasta me daban ataques agudos de "quesofiebre".
Con el tiempo, refiné mi modus operandi. Ya no comía directamente de la marqueta de queso. Ahora, simplemente me sirvo doble, triple o cuádruple porción de queso. Es decir, me termino el pedazo que han servido en mi plato, y corro a servirme nuevamente. Gracias a Dios que en casa no existe un regímen totalitario al estilo de "los huevos deben durar hasta el viernes, y los plátanos hasta el jueves, y el resto de la comida deberá durar para todo el mes". No, gracias a Dios en casa no existen ese tipo de dictaduras.
Así que, para mí, es maravilloso poder alimentar mi adicción por el queso, uno de los pocos alimentos que podría comer en el desayuno, en el almuerzo, en la cena y en los múltiples refrigerios que como durante el transcurso del día.