lunes, 17 de junio de 2013

En el Día del Padre...



En mi país se acaba de avalar que el Día del Padre (17 de junio, en mi país) sea asueto nacional. Sí, se celebrará el Día del Padre con un día de asueto, en este país en que los padres brillan por su ausencia y en casi todos los hogares están liderados por una madre soltera, divorciada o abandonada.

Siempre he pensado que la maternidad o la paternidad, además de ser una responsabilidad, es un privilegio, es un honor. Las mujeres de por sí, la mayoría, ya percibimos la maternidad un tanto así. Los hombres, por lo menos en mi cultura, no perciben la paternidad de esa forma, de ahí la gran cantidad de "padres huidizos", "escurridizos" que no pagan la pensión alimenticia o totalmente inhumanos que dan la espalda a sus hijos con la estúpida excusa "ese niño no es mío".

Tengo la suerte y la dicha de que mi padre es una excepción a la norma. Para mi padre, además de una responsabilidad, es un honor y un privilegio ser padre. Desde que mis hermanos y yo nacimos, hemos sido su mundo y ha hecho todo lo posible por cuidarnos. Nos ama con pasión y entrega, es un padre responsable, que quiere lo mejor para nosotros y cree en nuestras capacidades.

Cuando pienso en mi papá recuerdo las ocasiones en que nos sentábamos juntos a ver las películas sobre la guerra en Vietnam (yo era una niña entonces, y se suponía que no debía ver ese tipo de películas, pero era tan insistente que al final mi papá terminaba cediendo); veíamos juntos series como "McGuyver" y "El monje Shaolin" (si se dan cuenta, mis gustos por aquellos años eran bastante masculinos y adultizados); me leía las tiras cómicas de los domingos y hacía las voces de los personajes; cuando aprendí a leer, hacía que le leyera a él los textos que antaño él me leía a mí (invertía los roles para que aprendiera más).

Recuerdo uno de sus dedos, que para mí en ese tiempo se me hacía gigantesco, agarrado por mi diminuta manita. Pienso en sus abrazos y besos, en la costumbre que siempre tengo de besarlo antes de irme a dormir. Pienso en las infinitas conversaciones que hemos tenido y en todas las veces que me ha escuchado.

Pienso en cuánto me ha enseñado de la vida, de la gente y de mí misma. Recuerdo cómo se esforzaba porque aprendiera a leer y me sumergió en mi gran pasión: los libros. Siempre me compró libros, dejó que los destrozara y nunca se cansó de animarme a leer, a estudiar y a aprender. Me legó su curiosidad y su pasión por lo escrito.

Ha supeditado sus sueños y necesidades a los sueños y necesidades míos y de mis hermanos. Siempre se ha preocupado porque tengamos comida suficiente y en abundancia, aunque él no tenga pantalones. Hemos pasado por momentos de grandes dificultades económicas, pero a nosotros lo vital no nos ha faltado.

Mi papá, al igual que todos los seres humanos y los padres, no es perfecto. A veces no me ha entendido y yo no lo he entendido a él. Muchas veces, la brecha generacional nos ha hecho estorbo. En ocasiones hemos discutido y nos hemos hecho daño, y en esos días el ritual del beso antes de irme a dormir ha quedado suspendido en la nada. 

Sin embargo, nada de eso se compara con lo mucho que él ha hecho por mí y por mis hermanos. Ahora más que nunca lo entiendo, no porque sea madre, sino porque he crecido y me he dado cuenta de lo difícil que es la vida, mantener un empleo y tener tres hijos. Es una labor que nunca termina y en la que cuesta tener "clientes satisfechos". Es difícil y consume la existencia.

Todo esto es algo que no suelo decirlo pero hoy, a pocas horas de que sea el Día del Padre, reflexiono en ello y aprovecho para decirle a mi papá que lo quiero mucho, que le agradezco por pensar en mí aún antes de nacer, por amarnos a mí y a mis hermanos aún antes de que viniéramos a este mundo y por convertirnos en el centro de su vida. Escribo esto llorando, porque realmente me llega hasta el corazón saber que  no es mentira, ni cliché, ni frase gastada, el decir que me saqué la lotería cuando mi mamá aceptó casarse con el joven inexperto que en una ocasión le dijo "¿qué me diría usted si yo le pidiera que fuera mi novia?". Mamá, sé que está leyendo esto...gracias por darme al mejor papá de todos; papá, gracias por buscarme a la mejor mamá que existe y por ser el primer hombre de su familia, de la larga generación de hombres míticos que desaparecieron dejando a su prole desamparada, que se propuso romper con el círculo vicioso, hacerlo todo diferente y convertirse en el padre que usted merecía, pero que lastimosamente no tuvo.