domingo, 30 de junio de 2013

Deseché mis prejuicios...hacia "Orgullo y Prejuicio"

Hace mucho tiempo menospreciaba el libro Orgullo y prejuicio. Consideraba que era como una de esas novelas rosas tan comunes hoy en día, solo que sin sexo, escenas porno y tantos personajes con rangos nobiliarios inexistentes en el mundo real. La verdad, es que  me equivoqué. Sin duda, antes de emitir un juicio es necesario conocer, por lo que hoy que he leído Orgullo y Prejuicio siento haber vertido tanta injuria en un libro que se me hace muy interesante por múltiples razones: sin dejar de ser una novela rosa con tientes humorístico, es una fiel ejemplo de una época en la que el único medio que tenía una mujer para sobrevivir era lograr un matrimonio bien avenido. En esa época las mujeres no podían trabajar; se consideraba lo más decoroso que se dedicaran a aprender a tocar el piano, dibujar o tejer y no podía heredar los bienes de sus padres, ya que estos solo podían ser heredados a los hijos varones. En pocas palabras, tras la capa de belleza que parece teñir a esa época un tanto barroca, de mujeres con elegantes vestidos y lazos por todos lados, existía una realidad que daba pocas oportunidades a las mujeres. Precisamente, ese es el universo que, de forma un tanto velada, nos presenta Orgullo y prejuicio.

Por ejemplo, en este libro se muestra como el casar bien a las hijas es un tema recurrente en la familia y para las mismas mujeres en edad casadera; una mujer joven y bonita tiene más probabilidades de casarse que una que es considerada fea; los bailes son eventos esperados con ansias y expectación, ya que es en ellos en que se flirtea y se conocen a los posibles pretendientes...a esto hay que incluir que a un hombre se le medía por su capacidad de prosperar (bueno, en muchos escenarios y contextos, eso todavía no ha cambiado mucho), por las libras anuales que poseía y por su capacidad para sostener a una familia. Sí, tampoco la vida era fácil para ellos.

Jane Austen, en su obra, nos hace inmiscuirnos en ese mundo en que las trivilalidades son importantes, en que la charla banal es un pasatiempo y un arte, en que existen individuos que se pasan la vida sin trabajar; ese mundo en el que la apariencia es importante y capturar a un buen partido lo es también. Es un mundo que recorremos, no de la mano de una frágil y pálida damisela, sino de la mano de una chica que, aunque no está totalmente aislada del influjo de su tiempo, es un tanto sarcástica y no acepta peticiones de mano a la primera de cambio.

Me atrevería a decir que no solo ella es la prejuiciosa y orgullosa de la historia. También lo es el Señor Darcy, el adinerado hombre con el que se casa al final de la novela. Ambos desconfían o subestiman al otro por su condición social: él a ella, porque es de clase social inferior y por su inconveniente familia; y él a ella, porque le parece orgulloso.

Muchos han dicho que esta novela creó el arquetipo del conflicto amoroso: hay muchos enredos, malos entendidos y el amor surge de un incipiente odio surgido del desconocimiento de cómo es verdaderamente el otro. En este sentido, no sé si se puede adjudicar la autoría de este arquetipo a Jean Austin, pero sí puedo decir que al escribir Orgullo y Prejuicio creó una historia que será legada, contada y transmitida a lo largo del tiempo, que se ha convertido en un ícono, en una obra cumbre.

Ahora, por experiencia puedo decir que me encanta Orgullo y Prejuicio, que me gusta la literatura de Jean Austen. Aunque su obra cumbre pueda ser un poquitín empalagosas, se me hace muy reale, bien construida, con personajes bien delineados (que tienen virtudes y defectos). Además, agradezco de que, debido a las condiciones de la época en que se escribió la novela, no haya sexo en ellas. No es que le huya al sexo en la literatura, pero es que ya estoy cada vez más harta de esa literatura rosa ambientada en épocas victorianas que inician con narraciones verdaderamente interesantes y terminan una especie de kamasutra occidental...la verdad, ese tipo de literatura es pura basura. Jean Austen, en cambio, se me hace refinada, con un sentido del humor maravilloso y una gran maestría para crear personajes sublimes y que se mantienen en la mente.

Y bueno, como me gustó tanto esta novela, me animé hace algunos días a comprar su última versión cinematográfica, protagonizada por Keira Knightly. ¿Qué puedo decir de esta película? Que me ha gustado lo bien lograda que está, la fotografía es preciosa y el inicio es muy poético. En cuanto a los actores, me gusta que el Señor Darcy parezca tener una edad más cercana a la del objeto de su amor, a lo que hay que añadir que Keira Knightly hace un excelente papel, el cual no desmerece ni opaca el excelente papel que hace, en conjunto, el resto del elenco.

Además de estas grandes virtudes, el film cuenta con una muy sobresaliente: Los diálogos son fieles adaptaciones del libro, solo algunos pasajes han sido abreviados y/o acortados y no falta ni un personaje importante en la trama original.

Si nos has visto esta película, te invito a que la veas, y para animarte te dejo, a continuación, con el tráiler y una serie de fotografías sobre ella. Y, si no has leído el libro, te aconsejo a que lo leas antes de ver la película, y que leas la sinópsis y la información adicional que he agregado al final de esta entrada.











Argumento de Orgullo y Prejuicio e información adicional sobre su autora

 Orgullo y prejuicio (en inglés, Pride and Prejudice), publicada por primera vez el 28 de enero de 1813 como una obra anónima, es la más famosa de las novelas de Jane Austen y una de las primeras comedias románticas en la historia de la novela. Su primera frase es, además, una de las más famosas en la literatura inglesa: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.»
Es una novela de desarrollo personal, en la que las dos figuras principales, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, cada uno a su manera y, no obstante, de forma muy parecida, deben madurar para superar algunas crisis, aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia él.

Es una de las obras más conocidas de la literatura inglesa, gracias a innumerables ediciones, algunas películas (como Orgullo y prejuicio, de 2005), reescrita incluso en forma de un musical de Broadway (1959).
Cuando Jane Austen escribió Orgullo y prejuicio, apenas tenía veinte años, y compartía habitación con su hermana. Escribía en simples cuadernos. La primera redacción de la obra data del periodo 1796-1797; inicialmente recibió el título de First Impressions (Primeras impresiones), pero nunca fue publicado con ese nombre. Esta primera versión de la novela ya estaba esbozada por Jane Austen a los 21 años. En 1797 el padre de Jane lo ofreció a un editor, que lo rechazó.
Jane Austen revisó la obra en 1809-1810 y de nuevo en 1812, y la ofreció entonces, con el apoyo de su hermano Henry, a otro editor, que había publicado Sentido y sensibilidad el año anterior.
Se publicó por vez primera el 28 de enero de 1813. Lo mismo que su predecesor y La abadía de Northanger, fue escrito en la rectoría de Steventon.
Argumento

La novela describe poco más de un año en la vida de un pequeño grupo de jóvenes en el campo cerca de Londres en el cambio de siglo (del XVIII al XIX), durante el reinado de Jorge III. En el centro de esta sociedad se encuentra la adorable y muy alocada familia Bennet, con sus cinco hijas casaderas, de entre 15 y 23 años (de mayor a menor: Jane, Elizabeth, Mary, Kitty y Lydia). La señora Bennet ve al matrimonio como única esperanza para sus hijas, pues tras la muerte del señor Bennet las jóvenes quedarán abandonadas a su suerte cuando el señor Collins (heredero de todo, debido a que la propiedad está vinculada) tome posesión. El vínculo, especie de fideicomiso, implica que sólo se transmite por la línea masculina, de manera que, al fallecimiento del padre, la madre y las hijas perderán la mayor parte de la fortuna. La señora Bennet está muy emocionada por las noticias de la llegada de un hombre soltero "de considerable fortuna" al vecindario: Charles Bingley. El señor Bingley ha alquilado la finca Netherfield, donde planea establecerse temporalmente con sus dos hermanas, la señorita Bingley y la señora Hurst, así como su cuñado, el señor Hurst. La señora Bennet espera casar a alguna de sus hijas con el señor Bingley.
Poco después, Bingley y su grupo, que ahora incluye a su amigo íntimo, Fitzwilliam Darcy, acuden a un baile público en el pueblo de Meryton. Al principio, Darcy suscita admiración debido a su elegante figura y sus ingresos de 10.000 libras al año. No obstante, rápidamente los vecinos lo consideran orgulloso, alguien que los desprecia como socialmente inferiores. De hecho así lo considera la familia Bennet, cuando Elizabeth Bennet oye a Darcy declinar la sugerencia de Bingley de que la saque a bailar, pues no la encuentra suficientemente hermosa para merecer su atención. Este comentario la hiere en su orgullo y aprovecha cualquier ocasión para hacer uso de su ingenio, y se permite ironías que bordean lo admisible en una joven. Bingley, por su parte, resulta muy agradable. Baila con varias de las jóvenes disponibles en el lugar, pero desde el principio muestra una decidida admiración por Jane Bennet, la mayor de las hermanas. Deseosa de animar esta unión tan ventajosa, la señora Bennet intenta forzar que Jane y Bingley se puedan encontrar juntos. Para su dicha, después del primer baile Jane es invitada a Netherfield (casa alquilada por Bingley) en donde enferma de neumonía, por lo que Elizabeth camina hasta allí a cuidarla. Esto provoca burlas por parte de las hermanas de Bingley, pero despierta cierta admiración en Darcy, que no puede dejar de mirarla. Durante los días siguientes, conversan mucho mientras ella se encuentra cuidando a su hermana enferma, y casi siempre terminan discutiendo, lo cual molesta a Elizabeth y provoca que Darcy la admire por su ingenio y viveza, además de sus expresivos ojos.
Poco después del baile, el señor Collins, el primo que heredará el patrimonio Bennet, visita a la familia. Collins es una figura cómica, un clérigo pomposo y bufón cuya idea de una tarde amena es leer a sus primas los Sermones de Fordyce; se complace en mencionar continuamente el nombre de su gran patrona, Lady Catherine de Bourgh. Siguiendo la imperiosa sugerencia de Lady Catherine de que debe casarse, Collins ha decidido compensar su papel en el futuro empobrecimiento de sus primas casándose con una de ellas.
Durante una velada, el señor William Lucas sugiere a Elizabeth como compañera de baile para Darcy y ésta lo rechaza, debido a que él anteriormente había expresado que no bailaría con ella; sin embargo, durante un segundo baile celebrado en Netherfield él le pide un baile y ella acepta. Durante el baile discuten fríamente y Elizabeth (Lizzy) cada vez le soporta menos. Por su parte, Darcy cada vez la admira más, aunque no deja de notar el terrible comportamiento de sus hermanas menores, su madre (que se la pasa jactándose de que Jane se casará con Bingley) y su padre, lo cual hace que la desestime como posible pareja. El señor Collins propone matrimonio a Elizabeth, pero ésta lo rechaza tajantemente. Aunque la señora Bennet intenta promover el matrimonio, el señor Bennet apoya la decisión de su hija favorita.
Mientras tanto, Elizabeth comienza a enamorarse de un oficial recientemente llegado, el señor Wickham, que afirma que ha sido privado de su legítima herencia nada menos que por el señor Darcy, con lo que se fortalece la reprobación de Elizabeth, dados los prejuicios que tiene hacia Darcy. Después de que Elizabeth rechaza al señor Collins, éste se casa rápidamente con Charlotte Lucas, la mejor amiga de Elizabeth, quien acepta su ofrecimiento con una estimación realista de sus opciones, dado que ya ha cumplido 27 años y sólo tiene una pequeña dote.
El señor William Lucas sugiere a Elizabeth como compañera de baile para el señor Darcy.Cuando Bingley decide, repentinamente, marcharse de nuevo a Londres, Elizabeth sospecha que Darcy está detrás de esta separación. Elizabeth visita a Charlotte, que vive ahora bajo el dominio de la tía de Darcy, Lady Catherine. Estando con ellos, Darcy visita a su tía, en la propiedad vecina, Rosings. Elizabeth y Darcy se ven obligados a verse diariamente. Los encantos de Elizabeth, con el tiempo, acaban seduciendo al señor Darcy, lo que provoca que finalmente le declare su amor por ella "contra su propia voluntad" y le expresa su deseo de casarse con ella, "a pesar de su origen inferior, su degradación, su reprensible familia...".
Sorprendida e insultada por tan arrogante método de proponer matrimonio, nuevamente herida en su orgullo, así como por haber descubierto recientemente que Darcy convenció a su amigo Bingley para que cortara la relación con Jane y desdeñándolo aún por sus supuestas injusticias hacia Wickham, Elizabeth lo rechaza en términos inequívocos, diciendo que él es "el último hombre en el mundo con el que podrían convencerla para que se casara". Esta propuesta de matrimonio (en el capítulo 34 de la novela) es el momento trascendental de la trama. Al día siguiente, Darcy intercepta a Elizabeth mientras ella da su paseo matutino, le entrega una carta y se despide fríamente. En la carta, Darcy justifica sus acciones respecto a su interferencia en la relación entre Bingley y Jane, reconociendo que lo hizo porque, habiendo observado a Jane (también Darcy practica la observación como un arte social), creía que Bingley no significaba nada para ella, por lo que sólo quería proteger a Bingley de una relación desafortunada. Revela asimismo su historia en relación con el señor Wickham y la verdadera naturaleza de éste. No le ha privado de la herencia, es sólo que Wickham prefirió una elevada cantidad de dinero en un solo pago, en lugar de una posición estable vitalicia. Los problemas financieros de Wickham provienen de su inestable estilo de vida y su afición al juego. Además, es un libertino que intentó fugarse con Georgiana, la hermana de 15 años de Darcy. Elizabeth queda avergonzada a la vista de estas aclaraciones y reconoce que el orgullo y el prejuicio la habían cegado. No obstante, lamenta el haber rechazado a Darcy y sólo desea volver a verlo.
Más tarde, Elizabeth se va de vacaciones con sus tíos, los Gardiner, por Derbyshire; la convencen para que visite Pemberley, la finca de Darcy, mientras él se encuentra fuera. Queda impresionada por su tamaño y organización, así como por las alabanzas que recibe de su ama de llaves. Por ello se siente avergonzada cuando se lo tropieza inesperadamente mientras hace una visita por los terrenos. No obstante, su comportamiento respecto a ella ha cambiado, es más cálido que en su anterior encuentro; esto, unido a la manera educada y amistosa con que trata a sus tíos los Gardiner, empieza a hacer pensar a Elizabeth que bajo su orgullo yace una naturaleza leal y generosa. Esta segunda opinión sobre Darcy viene apoyada por su encuentro con su hermana menor, Georgiana, una chica agradable y tímida a quien Darcy adora.
Justo cuando su relación con Darcy empieza a ser más distendida, Elizabeth queda horrorizada al saber que, en su ausencia, su obstinada hermana menor Lydia ha captado la atención de Wickham y se ha fugado con él: una relación sin matrimonio y un hijo ilegítimo destruirían el honor de los Bennet y reduciría las posibilidades de matrimonio de las otras hermanas. Cuando la familia investiga, descubren que Wickham abandonó el servicio para eludir deudas de juego. Cuando Elizabeth cuenta esto a Darcy, él asume la misión de encontrar a Wickham y sobornarlo para que se case con Lydia, por sentirse en parte responsable al no haber revelado a tiempo el verdadero carácter de Wickham, pero lo mantiene en secreto para Elizabeth y su familia. Darcy consigue encontrar a Lydia y Wickham en Londres e induce a Wickham a casarse con Lydia, pagando su boda y dándole dinero.
Elizabeth descubre accidentalmente el papel de Darcy gracias a los despreocupados comentarios de Lydia, más tarde confirmados por su tía, la señora Gardiner. Este acto final completa un giro radical en los sentimientos de Elizabeth, y ella comienza a lamentar haber rechazado la proposición de matrimonio que le hiciera Darcy, y comprende que las primeras impresiones, guiadas por el orgullo y el prejuicio, no siempre son las verdaderas.
Lady Catherine descubre los sentimientos de Darcy hacia Elizabeth, lo que amenaza su ambición, largamente sentida, de casarlo con su propia hija. Mientras Darcy se encuentra en Londres, su tía visita inesperadamente a Elizabeth y con brusquedad intenta presionarla para que lo abandone, sin conseguir nada. Irónicamente, éste hecho sella la relación entre Elizabeth y Darcy, pues cuando Lady Catherine se queja a Darcy de la obstinación de Elizabeth, él se da cuenta de que los sentimientos de ella han cambiado, lo que le da esperanzas suficientes para intentarlo otra vez. Cuando Darcy le propone matrimonio por segunda vez, Elizabeth acepta. Las hermanas Jane y Elizabeth se casan poco después con el señor Bingley y con el señor Darcy, respectivamente, momento en el que acaba la historia. (Fuente: Wikipedia)