martes, 11 de junio de 2013

Mi nuevo autor favorito...


Escritor israelí Amós Oz

Sé que con haber leído solamente un libro de un escritor específico, no se puede decir que sea escritor uno de tus favoritos. Sin embargo, con Amós Oz haré una excepción. Y es que acabo de leer su libro Una historia de amor y oscuridad, un relato sobrecogedor e intimista de su vida, un retrato de su infancia erudita, de su padre frustrado y de su madre suicida.



De Amós Oz me encanta su franqueza imperturbable, la forma en que domina los diferentes tiempos en su novela (la narración no es lineal), las historias tan conmovedoras y, sobre todo, el magistral uso del lenguaje. Amós Oz es un joyero con las palabras, las engarza una a una para formar un conjunto demoledor, que sojuzga y que habla a nuestras emociones que trepidantes esperan ansiosamente a saber lo que el escritor judío revelará en sus próximas páginas.

Y para muestra de ese lenguaje tan rítmico y que habla verdades, de manera sutil, pero arrolladora, quiero invitarlos a que lean las siguientes frases y párrafos que me han encantado:


Los libros llenaban toda la casa: mi padre sabía leer en dieciséis o diecisiete idiomas y hablar en once (todos con acento ruso). Mi madre  hablaba cuatro o cinco lengua y leía en siete u ocho. Ente ellos conversaban en ruso y en polaco cuando querían que yo no les entendiera (...) Por cultural leía sobre todo en alemán y inglés, y por supuesto por la noche soñaban en yiddish.

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Los tolstianos del barrio eran todos vegetarianos fanáticos (...) Pero ni siquiera conseguían cuidar bien sus pequeñas macetas: o bien las regaban tanto que las plantas se  morían, o bien se olvidaban de regarlas.

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Teníamos una ley férrea, no comprar nada importando, ningún producto extranjero, mientras se pudiera conseguir otro de producción propia (...), había que elegir entre queso de kibbutz, producido por Tnuva, o queso árabe; el queso árabe dle pueblo de al lado, de Lifta, ¿debía considerarse un producto de importación o local? Complicado. La verdad era que el queso árabe era un pelín más barato.

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En nuestro diminuto piso siempre se colaba la mitad desafortunada del género humano: los niños habrientos de la India, por los que yo tenía que terminarme todo lo que ponían en el plato. Los inmigrantes clandestinos salvados de la hoguera hitleriana, a quienes los británicos expulsaron a campos de barracones en Chipre. Los huérfanos que vagaban aún con harapos andrajosos por los bosques nevados de la Europa destruida. Mi padre se quedaba hasta las dos de la madrugada trabajando en su escritorio a la luz de la bombilla anémica de veinticinco vatios que le destrozaban los ojos (...)

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Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioeca perdida de Reykjavík, Valladolid o Vancouver.

 
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Si alguna vez, como ocurrió en dos o tres ocasiones, no había suficiente dinero para comprar lo necesario para el Shabbat, mi madre miraba a mi padre, y mi padre comprendía que había llegado el momento de elegir la víctima sacrificial y se acercaba a la vitrina; era una persona de principios y sabía que el pan era más importante que los libros y que el bienestar del niño estaba por encima de todo. Recuerdo su espalda curvada al dirigirse hacia la puerta con tres o cuatro libros queridos bajo el brazo, con el corazón dolorido iba a la tienda del señor Meyer a vender algunos volúmenes tan preciados como un pedazo de su propia carne. Sin duda el mismo aspecto debía tener Abraham cuando salió por la mañana con Isaac a la espalda hacia el monte Moria.


Podía adivinar su dolor: mi padre tenía una relación sensual con los libros. Le gustaba tocarlos, escudriñarlos, acariciarlos, oleros. Le excitaban los libros, no podía contenerse, enseguida les metía mano, incluso a los libros de personas desconocidas.
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Otra aspecto que me encanta de Una historia de amor y oscuridad es el afán literario que está presente en gran parte de su contenido, el gran amor del autor y de su familia por los libros, por la literatura...esta es una constante en este libro tan desgarrador, pero a la vez tan bello y esperanzador.

Gracias a este libro, además de conocer por primera vez el estilo literario de Amós Oz, me tomé la tarea de averiguar un poco más de este escritor, para así conocer más sobre su obra. Acerca de Amós Oz, esto fue parte de lo que descubrí:

Amos Oz (hebreo, עָמוֹס עוֹז; Jerusalén, 4 de mayo de 1939), nacido Amos Klausner, es un escritor, novelista y periodista israelí, considerado como uno de los más importantes escritores contemporáneos en hebreo. Premio Israel de Literatura (1988); Premio Goethe de Literatura (2005) por su libro autobiográfico Una historia de amor y oscuridad; y candidato varios años consecutivos al Premio Nobel de Literatura. Fue uno de los fundadores del movimiento pacifista israelí Shalom Ajshav. Es profesor de Literatura en la Universidad Ben-Gurión de Beer Sheba, en el Néguev y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. En 2007 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras
Descendiente de una familia de emigrantes rusos y polacos. Hijo de Yehuda Arie Klausner, intelectual sionista de derecha,[cita requerida] y de Fania Mussman (que se suicidó cuando él tenía 12 años). Sus padres huyeron en 1917 de Odesa a Vilna, y de allí al Mandato Británico de Palestina en 1933.


En 1954, Oz entró en el kibutz Julda. Desde entonces se le conoce por su nombre actual. Mientras estudiaba Literatura y Filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén, entre 1960 y 1963, publicó sus primeros cuentos cortos. Estudió también en la Universidad de Oxford. Desde 1991 es miembro de la Academia del Idioma Hebreo.
Participó en la Guerra de los Seis Días y en la Guerra de Yom Kipur y fundó en los 70, junto a otros, el movimiento pacifista Shalom Ajshav ("Paz Ahora").

Ha escrito 18 libros en hebreo y alrededor de 450 artículos y ensayos. Sus obras han sido traducidas a más de treinta lenguas, entre ellas el español.

En su libro Las voces de Israel, se encuentra una entrevista de un extremista de derecha israelí que varios autores como Israel Shamir han relacionado con Ariel Sharón. Según el periódico francés Le Monde Diplomatique, la entrevista no sería de Sharon.

Oz es uno de los intelectules más eminentes de la izquierda israelí y pronuncia sus opiniones contra los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, tal como sus opiniones social demócratas y pacifistas en varios periódicos israelíes como Ha'aretz y Yedioth Ahronoth. Es un miembro del partido social demócrata pacifista Meretz. Condenó algunas operaciones de las Fuerzas de Defensa Israelíes durante el Conflicto de la Franja de Gaza de 2008-2009 y las llamó crímenes de guerra.

Sin duda quiero volver a perderme en las páginas de los libros de este maravilloso escritor israelí.