martes, 5 de julio de 2011

De monasterio a casa: Sorprendente rediseño

Los espacios rediseñados están de moda: Convertir una silla en un macetero; un rincón olvidado en sala de estudios; un armario en uno nuevo, bullente de vida. Está de moda hacer que lo nuevo se convierta en viejo, en intervenir los espacios a nuestra conveniencia, en encontrar encanto y hacer renacer la vida y el primor en todos los objetos, por muy inútiles o, por el contrario, por muy utilitarios que parezcan.

Comento esto porque hurgando en mi archivo de fotografías extraídas del sitio Marie Claire dedicado a la decoración, me encontré con un maravilloso ejemplo de lo que mencionaba anteriormente y se trata, precisamente, de un antiguo convento restaurado y reconvertido en vivienda para una familia que ha hecho del blanco monástico de las paredes y de las estructuras centenarias, un hermoso y minimalista lugar para vivir, tal y como lo demuestran las siguientes fotografías de este claustro religioso, recién convertido en vivienda:
















Al toparme con estas imágenes no me quedó duda de que todo es habitable (digo esto, porque a veces he llegado a creer que mi casa es la única excepción a esta norma) y que podemos convertir un jardín, una pequeña estancia, un estacionamiento o un rinconcito de la cocina (o del baño, incluso) en un lugar bonito que incite a vivir y a pasar amenamente los días de invierno dentro de esos espacios tan meticulosamente organizados y diseñados que parece que en ellos la vida se desarrolla, fluye, bulle y emerge de manera espontánea.