lunes, 14 de mayo de 2012

Confesiones: El dilema de los platos sucios


No sé a ustedes, pero a mí me molesta...¡¡¡Que se ofrezcan a lavar los platos y no lo hagan!!! Y lo que todavía me molesta más es que, además de que a mí me toca lavarlos, la persona en cuestión ni se acuerda de que él o ella prometió hacerlo o, peor aún, que en plena faena enjuagatoria, me salga con el típico "dejalo, yo lo voy a hacer". ¡¡Arrgh, sí que me puede molestar!!

Claro, que no soy "monedita de oro" como para decir que no tengo defectos: Soy desordenada, dejo papeles por todos lados, inundo el espacio de los demás con mis pertenencias, soy rebuznona, quejumbrosa...¡Por Dios, pero prefiero que los demás me digan "tus cosas me hacen estorbo" a tener que causarles una buena úlcera de puro enojo! Creo que la mejor política es decir las cosas (sobre todo en casos como el de la impunidad ante las promesas incumplidas con respecto al sagrado oficio de la lavada de platos). Por eso es que hoy, queridos seguidores, he vertido mi cólera en este espacio.

Y bueno, para terminar esta entrada solo quiero terminar con lo siguiente:

Lavadores de platos victimizados, ¡Uníos! y aquéllos que no cumplen con sus promesas (cual políticos), os llegará vuestro día en que tendreís que dar cuentas por vueltras faltas. Bueno, como eso último está bastante difícil, me conformaría por lo menos con que cumplieran con lo que prometen.