sábado, 1 de octubre de 2011

Porque decimos la verdad, cuando callamos, cuando omitimos, cuando mentimos y cuando escribimos...

¡¡Hola!! ¡¡Feliz fin de semana!! Este día quiero compartir con ustedes una experiencia que me ha marcado. Todos los ciclos asigno como tarea final para mis estudiantes, la redacción de un documento de treinta páginas (podríamos decir que es como una breve novela) en la que documenten la historia de su familia y de sí mismos.

Como se podrán imaginar, he quedado sorprendida con los resultados. Dejando a un lado el aspecto académico de la tarea, el aspecto humano ha sido impactante. Muchos de mis estudiantes han tenido la valentía de confesarme cosas que jamás me hubiera imaginado, me han contado sobre sus sufrimientos y tristezas, sobre sus corazones destrozados, los amigos perdidos y sus familias desintegradas.

Me han contado de los padres que los han abandonado, de los que han emigrado a Estados Unidos y no los han vuelto a ver, de sus madres luchadoras, de sus errores en cuestiones de amor, de la violencia intrafamiliar, de sus padres con enfermedades y trastornos gravísimos...Violencia, padres violentos, malas influencias, embarazos precoces y sexualidad no planificada, suicidio...Han escrito sobre todo eso y, al leerlo, no puedo dejar de pensar que me admira su valentía y la confianza que han tenido en contármelo. Me admira lo fuerte que son. Espero que este ejercicio (la redacción de su historia familiar) les haya servido para ahuyentar sus demonios, reafirmar sus anhelos, analizar el pasado y aprender de él.