lunes, 14 de julio de 2014

A propósito de los grafitis...

Mi país sufre de muchísimas problemáticas sociales. En buena medida debido a eso, es que (por lo menos en la zona en donde vivo) a veces las personas no quieren llamar la atención y los comportamientos y manifestaciones inusuales suelen ser interpretados erróneamente. Y es que todos tenemos miedo y, como es bien sabido, el miedo es el mejor caldo de cultivo para la intolerancia. Por ejemplo, algunas personas (sobre todo de la generación de mis padres y de mis abuelos) tienden a desconfiar de las personas que se hacen cortes de cabellos diferentes (tipo mohicano, por ejemplo) o que realizan grafitis. De hecho, en mi país los grafitis no son bien vistos, al igual que los pierciengs y casi cualquier otro tipo de modificación corporal.

En el caso de los grafitis, creo que son una expresión de esta época postmoderna y de la cultura urbana. Cuando son realizados con esmero, me parecen estupendas obras de arte, capaces de hacer más amigables y vitales los tristes edificios de cemento y nuestras cada vez más pobladas ciudades. El grafiti puede ser un medio para acercar el arte a la población y para hacer que conviva con esta. Puede ser una forma de reinterpretar los espacios y de abordar las temáticas actuales que preocupan a las personas. El grafiti puede ser un arte amigable, entretenido, casi lúdico y divertido, alejado de la pomposidad de las obras consagradas de museos y galerías.

A mí, por ejemplo, me encanta la obra que el grafitero español Parsec ha realizado en su pueblo natal. La colección de grafitis que ha pintado no solo atraen la atención de turistas, sino que también provee de identidad al pueblo. He aquí algunos de los grafitis pintados por Parsec: