domingo, 13 de abril de 2014

Enterremos el estereotipo de la "princesa"

Estoy harta de que a las niñas, a modo de cumplido y como trato cariñoso, se les diga siempre que son "princesas". También estoy cansada de esos cuentos con los que alimentamos sus fantasías: historias en las que la chica siempre es una bella damisela en peligro que resuelve todos sus problemas cuando encuentra a un hombre que se queda prendado de ella.

Las niñas no son princesas. Y de adultas, tampoco lo serán. Las mujeres no valemos únicamente por la belleza que podamos tener, sino por nuestro intelecto, ingenio, carisma, sentido común, capacidad para amar. Las niñas, y por tanto las mujeres, pueden lograr sus sueños sin necesidad de depender de un hombre. Somos lo suficiente fuertes  e inteligentes como para saber que cuando la vida se pone difícil, cuando los problemas y retos aparecen, por nosotras mismas debemos resolver la situación. Y es que en la vida real, los príncipes encantados no se aparecen ante nosotros para lidiar con el jefe malhumorado, protegernos del acoso sexual en las calles, para repararnos el auto cuando se queda varado, para protegernos del peligro...

La vida real requiere, de nosotras, que seamos fuertes, que seamos mujeres de verdad, no muñequitas de porcelana, rapunzeles taciturnas, blanca nieves perseguidas por la desgracia de su belleza, bellas durmientes que esperan toda la vida en manso y sumiso sueño, a que el hombre de sus vidas llegue al rescate.

Entonces, ¿por qué no recordarles a las niñas que pueden ser...

...osadas piratas, que saben manejar sus vidas en el bravío océano de la vida;

Súper mujeres, capaces de hacer todo lo que se propongan;


Chicas que huyen de los estereotipos, que no se dejan encasillar en estúpidos estereotipos que las esclavizan a lo que la sociedad cree es la talla, el cuerpo y el estilo de vida "perfectos;

Mujeres que, cuando la vida lo requiere, se ponen la capa y el traje y se convierten en las heroínas de sí mismas;
Estudiantes a las que no les da miedo demostrar lo listas que son, que no les da miedo competir en inteligencia y destreza con sus compañeros varones, que se niegan a hacerse las tontas para que los chicos las tomen en cuenta y que no temen levantar la mano para plantear una pregunta o participar en clase;
Necesitamos criar a chicas así...

Y también a chicas que no teman ser fuertes y poderosas física y emocionalmente;
en lugar de princesas, debemos criar a valientes guerreras;

a mujeres con ideas propias;


seguras de sí mismas y emporedadas;

que no tienen miedo en adoptar roles considerados masculinos...





Las niñas de hoy y las mujeres del mañana deben saber que en la vida real, es más útil ser guerrera que princesa, Juana de  Arco que Barbie plástica...


Si enseñamos esto a nuestras hijas, sobrinas, nietas y hermanas, les daremos todas las herramientas que necesitan para creer lo suficiente en sí mismas como para remontar el vuelo y ser realmente felices.