Los zapatos feos están de moda. Los que parecen de payasos, de seguidoras del grupo Kiss y los que su uso constituye una proeza. Feos...así los quieren todas. Y bueno, por cierto, ¿tienen ganas de ver algunos de los que considero los más requeterecontraarchisúperhípermegarefeos? Aquí les dejo con esa "hermosa" galería:
jueves, 16 de mayo de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
Si la muerte me llama...
Lo admito: aunque me gusta leer, no me gustan los escritores de mi país. No los leo. Es que se me hacen súper esnobistas; algunos, pretenciosos; y otros más, que tratan de innovar de manera forzada o de imitar lo que se hace en otros lados o lo que parece más intelectualmente arriesgado. Así que son pocos los escritores nacionales a los que he leído y a los que he seguido la pista. Últimamente, sin embargo, he descubierto a un escritor que me parece bastante llano, con un vocabulario sencillo y sin esas ínfulas literarias que hace que algunos de sus colegas sean tan difíciles de leer. Su nombre: Miguel Huezo Mixco. El poema que he descubierto de él y que me motiva a seguir leyéndolo: "Si la muerte". Los dejo con este poema, y espero que lo disfruten y les guste tanto como a mí:
Escritor salvadoreño Miguel Huezo Mixco
- Miguel Huezo Mixco
- Miguel Huezo Mixco
SI LA MUERTE
Si la muerte viene y pregunta por
mí,
haga el favor
de decirle que vuelva mañana,
que todavía no he cancelado mis deudas,
ni he terminado un poema,
ni me he despedido de nadie,
ni he ordenado mi ropa para el viaje,
ni he llevado a su destino el encargo ajeno,
ni he echado llave en mis gavetas,
ni he dicho lo que debía decir a los amigos,
ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido,
ni he desenterrado mis raíces,
ni he escrito una carta pendiente,
que si siquiera me he lavado las manos,
ni he conocido un hijo,
ni he empredido caminatas en países desconocidos,
ni conozco los siete velos del mar,
ni la canción del marino.
Si la muerte viniera,
diga por favor, que estoy entendido
y que me haga una espera,
que no he dado a mi novia ni un beso de despedida,
que no he repartido mi mano con las de mi familia,
ni he desempolvado los libros,
ni he silbado la canción preferida,
ni me he reconciliado con los enemigos.
Dígale que no he probado el suicidio
ni he visto libre a mi gente.
Dígale, si viene, que vuelva mañana,
que no es que le tema, pero ni siquiera
he empezado a andar el camino.
haga el favor
de decirle que vuelva mañana,
que todavía no he cancelado mis deudas,
ni he terminado un poema,
ni me he despedido de nadie,
ni he ordenado mi ropa para el viaje,
ni he llevado a su destino el encargo ajeno,
ni he echado llave en mis gavetas,
ni he dicho lo que debía decir a los amigos,
ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido,
ni he desenterrado mis raíces,
ni he escrito una carta pendiente,
que si siquiera me he lavado las manos,
ni he conocido un hijo,
ni he empredido caminatas en países desconocidos,
ni conozco los siete velos del mar,
ni la canción del marino.
Si la muerte viniera,
diga por favor, que estoy entendido
y que me haga una espera,
que no he dado a mi novia ni un beso de despedida,
que no he repartido mi mano con las de mi familia,
ni he desempolvado los libros,
ni he silbado la canción preferida,
ni me he reconciliado con los enemigos.
Dígale que no he probado el suicidio
ni he visto libre a mi gente.
Dígale, si viene, que vuelva mañana,
que no es que le tema, pero ni siquiera
he empezado a andar el camino.
martes, 14 de mayo de 2013
Flores, flores, flores...comida, comida, comida...y muchos trapitos
Heather Taylor vive en Los Ángeles, es la propietaria de una galería de artes y le encantan las flores: comprarlas, verlas y hacer arreglos florales con ellas. También le encantan los trapitos y los zapatos, la cocina deliciosa y apetecible visualmente, lo handmade, lo raro y lo artesanal. Heather, no sé porqué, me hace pensar en una Frida Kahlo, moderna, fashionista y de este siglo XXI, que además de tener cejas gruesas y pasión por lo extravagante, también se dedica a bloguear. Y es que Heather es la autora tras el blog "L.A.in bloom", en el que nos habla, especialmente, de tres de sus grandes aficiones: la ropa, las flores y la comida, tal y como podrán apreciar en la siguiente colección de fotos que escogí para ustedes, todas tomadas del blog "L.A. in bloom":
lunes, 13 de mayo de 2013
Garland
Hoy por la tarde, en un breve receso para descansar de la agotadora tarea de leer las ilegibles e incomprensibles redacciones de mis estudiantes, me apliqué en terminar el último collar que he elaborado. Como siempre, barroco y exótico, el collar ha terminado siendo una mezcla de seis tipos de cuentas y piedras (piedras de río blancas, grandes y chicas; piedras de río cafés; zwarowskis transparentes y negros y mostacilla color cobre). Hoy no puedo, porque estoy hasta el tope de trabajo, pero cuando me quede más tiempo libre le tomaré unas cuantas fotos para que puedan conocer al "susodicho" (collar) en diferido, directo y a todo color.
Bueno, y hablando de bisutería y joyería, rebuscando entre las carpetas con imágenes que siempre guardo para nutrir este blog me encontré con una carpeta con el título de "Garland" (me imagino que es el nombre de una marca) que contenía estas preciosas imágenes:
Como soy bastante desordenadilla, no he podido dar con la fuente, sitio web o tienda de la que proceden estas imágenes, así que si llegan a averiguar dicha información, les agradecería mucho que me la mandaran para así no incurrir en el pecado capital número uno de todo escritor-redactor aficionado: ante la ausencia de la musa de la inspiración, hacer eco del refrán, "¿para qué inventar la rueda, si ya está hecha?". Así que, como no quiero compararme con algunos de mis estudiantes plagiadores, les agradecería mucho su ayuda.
Bueno, y hablando de bisutería y joyería, rebuscando entre las carpetas con imágenes que siempre guardo para nutrir este blog me encontré con una carpeta con el título de "Garland" (me imagino que es el nombre de una marca) que contenía estas preciosas imágenes:
Como soy bastante desordenadilla, no he podido dar con la fuente, sitio web o tienda de la que proceden estas imágenes, así que si llegan a averiguar dicha información, les agradecería mucho que me la mandaran para así no incurrir en el pecado capital número uno de todo escritor-redactor aficionado: ante la ausencia de la musa de la inspiración, hacer eco del refrán, "¿para qué inventar la rueda, si ya está hecha?". Así que, como no quiero compararme con algunos de mis estudiantes plagiadores, les agradecería mucho su ayuda.
domingo, 12 de mayo de 2013
Esta es la historia...
Esta es la historia de una chica que amaba las texturas, cada hojita que paría su jardín y los bellos cactus que se aglutinaban en su casa y que parecían salidos de un desierto salvaje. Esta es la historia de una chica que a través de su blog "Home at home" , nos muestra lo que para ella es una casa decorada con primor y nos comparte sus autorretratos cargados de intimismo, como si ella y quienes la vemos a través de sus fotos, compartiéramos un lugar privado, particular, alejado del mundo y cargado de luz. Esta es la historia de una chica y su jardín; de una chica, su cámara fotográfica y nosotros los que disfrutamos de las imágenes de su mundo cotidiano. Acá, por cierto, les presento algunas de esas imágentes capturadas por Laure Jolliet, la chica tras la cámara, la chica de esta historia:
sábado, 11 de mayo de 2013
¡Feliz fin de semana!
Y para iniciar este fin de semana...algo bonito, con aire vintage, muy visual y literario:
viernes, 10 de mayo de 2013
En este 10 de mayo
Conocí a una madre que crió sola a siete hijos, que hizo de todos ellos gente de bien y que, a pesar de haber sido abandonada por su esposo, se partió la espalda y la vida por construir un futuro para ellos. Nunca aprendió a leer y escribir, pero hizo que todos sus hijos fueran a la escuela. Todos son gente de provecho, todos son gente para los que la educación es importante, todos son personas que sobrevivieron a la pobreza más extrema y que recuerdan con orgullo a la mujer que los alimentó a todos vendiendo tortillas. Esa mujer fue mi abuela y uno de sus hijos es mi padre.
Otra madre sobrevivió a la violencia intrafamiliar y, a pesar del horror sufrido, salió adelante con sus dos hijas y su hijo autista. Esa mujer es mi otra abuela, y una de las hijas que crió, es mi madre.
Otra madre que conozco fue capaz de dejar de trabajar cuando se vio en la necesidad de cuidar a su hija, cuando la niña sufrió un accidente en casa. Antepuso todo por la pequeña y después, cuando arribaron a este mundo sus hermanos, se consagró a la educación de ellos, los crió con esmero y los motivó a siempre ser mejores. Esa mujer abnegada es mi madre, y la niña, soy yo.
No soy madre, pero como hija que soy, reconozco esa valentía, abnegación y entrega que veo en las madres que me rodean, en las madres que conozco. Todos estamos rodeados de madres que son heroínas reales, mujeres de carne y hueso que aman a la carne de su carne más que a sí mismas, que cada sacrificio realizado lo hacen pensando en sus hijos, que trabajan arduamente por ellos, que se sacrifican de maneras increíbles...
Otra madre que conozco fue capaz de dejar de trabajar cuando se vio en la necesidad de cuidar a su hija, cuando la niña sufrió un accidente en casa. Antepuso todo por la pequeña y después, cuando arribaron a este mundo sus hermanos, se consagró a la educación de ellos, los crió con esmero y los motivó a siempre ser mejores. Esa mujer abnegada es mi madre, y la niña, soy yo.
No soy madre, pero como hija que soy, reconozco esa valentía, abnegación y entrega que veo en las madres que me rodean, en las madres que conozco. Todos estamos rodeados de madres que son heroínas reales, mujeres de carne y hueso que aman a la carne de su carne más que a sí mismas, que cada sacrificio realizado lo hacen pensando en sus hijos, que trabajan arduamente por ellos, que se sacrifican de maneras increíbles...
Por eso, este día (dejando a un lado los afanes mercantilistas relacionados con esta celebración), agradezcamos de corazón a las madres que abrigaron vida en su vientre, a las que saben que también es madre quien cría y educa, a las que crían y cuidan de los hijos de otros...A todas ellas, ¡Mil graciaspor la labor que hacen, una labor que verdaderamente cambia al mundo, que dura toda la vida, los 365 días del año y las 24 horas del día! ¡Felicidades en su día!
La esclavitud de la firma mal parida...¿o del domicilio mal avenido?
"Mirando". Autorretrato
Sin duda, la letra era la misma: la misma "g" algo torcida, la misma kilométrica hilera de letras que hacen el intento de representar mi nombre...pero los garabatos, los malditos ganchos del infierno que alguna vez se me ocurrió añadir a mi rúbrica son los que no pude reproducir de la misma forma en que lo hice aquel aciago día en que se me ocurrió que una firma no era firma si no tenía un maldito colocho. Claro, eso sí, no es que las firmas que hiciera fueran totalmente diferentes a aquella con la que fue confrontada...es que, eran ligeramente diferentes.
La verdad es que mi firma y yo no éramos el problema: el problema era la agencia en donde hice el trámite. La agencia a la que recurrí fue una perteneciente al conglomerado de Davivienda, una agencia que se encuentra en el municipio en el que vivo: Soyapango, sinónimo de urbanismo alocado (si es que se puede llamar "urbanismo"), delincuencia e inseguridad. Yo que vivo aquí, sé que Soyapango no es lo que se diga "precioso"; pero también sé que fuera de sus límites es satanizado y sus habitantes somos vistos, muchas veces e injustamente, con desconfianza.
El problema que impera en la sucursal de mi municipio de habitación es la desconfianza: en la hora que estuve allí, supe de dos casos de fraude en el que dos individuos, con tal de obtener un préstamo, falsificaron certificados de trabajo. Ante un panorama de este tipo, yo, que soy una trabajadora honrada y que además se desempeña correctamente en un trabajo que requiere de mucha ética, tuve que someterme al escrutinio implacable de mi firma, como si yo fuera una persona de la que hubiera que dudar. En el intento por abrir la cuenta (me urgía hacerlo para poder firmar un contrato de trabajo) escribí más de 100 veces mi firma hasta que al final, totalmente hastiada, decidí que lo mejor era desistir y regresar a casa.
Tras que rechazaran constantemente mi firma porque no era milímetricamente exacta a la de mi documento único de identidad, decidí (gracias al consejo de mi familia) ir a otro banco, ubicado en una exclusiva (y muy protegida zona de mi país) que queda justo enfrente del edificio de las Naciones Unidas y a unas cuantas cuadras de la Embajada Americana.
Resultado de mi incursión en territorio ajeno: Mi firma no fue objeto del escrutinio demoledor y desconfiado de la ejecutiva de servicio y, al final, pude abrir mi cuenta. Eso sí, el estigma del domicilio mal avenido no pudo dejar de perseguirme cuando la ejecutiva de servicio dijo en voz alta: "¡qué lejos se ha venido!", haciendo referencia a que había ido a una sucursal demasiado alejada de mi hábitat natural: Soyapango. Me tocó entonces explicar (sin hacer alusión a su posible desconfianza y prejuicios) que andaba por esos lados, de invasora, de entrometida, de conquistadora y usurpadora de feudos, porque daba la casualidad de que en una hora tenía que firmar un contrato en los alrededores de esa zona.
¿Qué logré tras mi periplo, mi odisea surrealista?: Logré abrir mi cuenta y, aunque no es de mi agrado admitirlo, terminó reafirmándose en mí esa idea que siempre ha rondado por mí mente: a veces, a mi alrededor, todo es percibido en blancos y negros, jamás en escalas de grises. Se es de arriba (las mejores zonas en mi país) o de abajo (zonas como Soyapango); se es rico o se es pobre; se es listo o tonto; se es confiable o, por el contrario, jamás se es. También se ha reafirmado algo más que a todas luces es cierto y que muchos de los habitantes de Soyapango dicen: los servicios son brindados de mejor manera en otros lugares, pero no en Soyapango; no es en nuestros supermercados que la carne está más fresca, sin que en los de "allá arriba"; no es en nuestros restaurantes de comida rápida que dan el mejor servicio; no es en nuestro municipio en donde somos tratados cómo nos merecemos...es por ello que muchos, si podemos, los fines de semana invadimos el "territorio ajeno" y vamos al supermercado de "allá arriba" en donde compran los asiáticos comerciantes, y los empleados que realmente son clase media, y el cuerpo diplomático, y los extranjeros, y la gente que sale en la tele...invadimos sus espacios, porque en ellos nos sentimos más seguros, sentimos que pagamos realmente por artículos de mejor calidad y, en muchos casos, aunque no siempre, los servicios que se nos ofrecen son mejores, con más garantías, con menos trabas.
Sin embargo, al incursionar en territorio ajeno no dejamos de ser, en algunas ocasiones, víctimas del prejuicio. Por ejemplo, ya me ha tocado soportar a vendedores que me persiguen (como si yo fuera ladrona) por toda la tienda Samborn´s de Multiplaza mientras escojo libros que, al final y como es de esperarse, pago. A pesar de lo antes expuesto, es en esos hábitats ajenos que puedo lograr "mi más grande e inalienable sueño y derecho": abrir una pinche cuenta bancaria.
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