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miércoles, 4 de mayo de 2011

El cuero y los libros...

A mi padre y a mí nos encantan los productos elaborados en cuero. Recuerdo que cuando yo era niña él compró un bonito bolsón elaborado con este material. Es curioso, pero mi padre en aquel tiempo ya gustaba del color camel, aunque en aquel entonces todavía no estaba de moda.

Quizás de esos recuerdos entrañables es que proviene mi amor por las carteras de cuero envejecido o las que son elaboradas artesanalmente con este material; los accesorios que tengan un aire artesanal o indígena, los zapatos "peluditos" (no sé cómo es que se llama ese material que parece gamuza).



Me encanta el olor del cuero. Me encanta el aire "viajero" que impregna a las prendas en que se utiliza. Me encanta cómo envejece y la forma en que se convierte en un material "vivo" que no permanece estático e inmune al tiempo. Me gusta lo que es real, lo que es humano, lo que envejece a pesar de resistirse al paso del tiempo. Por eso me gusta tanto el cuero.

Y bueno, también de mi padre es que he legado el amor por los libros (esta es una temática que muy poco he abordado en este blog, pero prometo en el futuro darle mucho más espacio).

Así que la propuesta de la tienda "Lether Druid" en Etsy es perfecta ya que combina dos elementos que me apasionan: El cuero y la literatura. Bueno, pero ¿Cómo es eso posible? Los dejo con una colección de imágenes para que puedan apreciar la propuesta de esta tienda.

Bonito y evocador. Me gusta todo el simbolismo que se ha creado alrededor del ícono simple de una llave.





Combinación de cuero con incrustaciones de otros materiales. Bonito.













Leer un libro o abrir un libreta de apuntes es como abrir una puerta a posibilidades infinitas.






lunes, 11 de abril de 2011

El maravilloso viaje de Edward Tulane: Un libro para grandes y chicos

"Érase una vez en una casa de la calle Egipto un conejo hecho casi enteramente de porcelana. Tenía brazos de porcelana y piernas de porcelana, manos de porcelana y cabeza de porcelana, torso de porcelana y nariz de porcelana. Sus brazos y sus piernas estaban unidos y articulados con alambre para que sus codos de porcelana y sus rodillas de porcelana pudieran doblarse (...) El conejo se llamaba Edward Tulane".


Así inicia el último libro infantil que he leído, titulado "El prodigioso viaje de Edward Tulane". Además de tener unas ilustraciones maravillosas como las que podrán observar en el desarrollo de este post , me encanta la sensibilidad con la que aborda temáticas sumamente complejas y, a la vez, extremadamente humanas.



"El prodigioso viaje de Edward Tulane" es un viaje de autodescubrimiento, de humillación, de cómo el espíritu puede soportar el dolor y renacer como el ave fénix; es una historia sobre un conejo de porcelana (aunque bien podríamos ser cada uno de nosotros) que solo piensa en sí mismo, que jamás ha padecido, que jamás a amado a alguien. Sin embargo, rápidamente su fortuna cambia y conoce los peores destinos pero, a la vez, conoce a los mejores amigos y es entonces que se da cuenta de que ha sido amado y que él mismo es capaz de amar.


No obstante, amar no es sencillo: Se sufre y se padece. Las separaciones, la muerte y la maldad son los ingredientes que hacen que para Edward Tulane amar no sea sencillo y, a la vez, le hace cuestionarse sobre si de verdad vale la pena. No miento si digo que este libro me fascinó (¡hasta me hizo llorar). La vida de Edward no deja de ser muy diferente que la de todos los seres humanos: Nuestras vidas son una constante "montaña rusa": cuando creemos que estamos arriba, volvemos abajo. Siempre existe la posibilidad de "probar" el cielo y el infierno a la vez.



Una historia repleta de sensibilidad humana. Un final inesperado y maravilloso. Ilustraciones dignas de ser enmarcadas para una habitación infantil. Un empastado precioso.


¿Qué más pedir de un libro?

lunes, 14 de marzo de 2011

"Maus": Relato de un superviviente

Desde que inicié este blog lo concebí como una especie de diario digital en donde tomaría nota de todos aquellos blogs y sitios web que capturaran mi atención. Y, como me encanta todo lo que tenga que ver con el diseño, muchos de los blogs e información que he presentado hacen referencia a este tema (de ahí que la mayoría de los blogs que recomienden sean sobre fotografía, diseño artesanal y de modas).

Sin embargo, otra de mis aficiones es leer, por lo que me encanta visitar los blogs en los que lectores adictos nos ofrecen sus recomendaciones sobre los libros cuya lectura no debemos dejar pasar.

Después de leer muchos blogs de este tipo me he dado cuenta de que sus recomendaciones realmente influyen en las decisiones de compra. Y es que, cuando te vas a gastar diez o veinte dólares en un solo libro, es mejor estar bien seguro de qué es lo que se va a comprar, de ahí que la publicidad "de boca en boca", por medio de Internet, surta tanto efecto.

En mi caso, por ejemplo, las librerías ya obtuvieron una venta por medio de este inusual (pero confiable) recurso de recomendación. Hace poco, en un almacén que no se especializa específicamente en la venta de libros, reparé en un ejemplar que, de no haber leído una maravillosa reseña sobre él en un blog, de seguro lo hubiera pasado de largo.
El libro en cuestión se titula "Maus" (parecido a la onomatopeya del sonido que produce el gato) y es una novela gráfica (o cómic alternativo) que, en mi caso personal, se convierte en la primera novela gráfica que he leído, la cual me ha contagiado la idea de seguir leyendo este tipo de literatura.

Portada del primer volumen de "Maus"



Portada del segundo volumen

Muestra de una de las páginas del libro

Esta maravillosa novela gráfica consta de dos vólumenes (aunque también se puede encontrar en un solo volumen) que nos sumergen en un relato en el que su autor se retrata a sí mismo narrando las experiencias de su padre, antes, durante y después del holocausto nazi.

Art Spielgeman es el nombre de este valiente escritor e ilustrador, quien por medio de una eficaz metáfora gráfica y literaria (representa a los judíos como ratones, y a los nazis como gatos) nos relata los intentos de su padre y su madre por salvarse de la vorágine nazi, la muerte del primer hijo de ambos cuando todavía este era un niño y la forma en que lograron sobrevivir en Aushwit, uno de los peores campos de exterminio.

El desgarrador relato (cargado de ironía y franqueza desoladora) persigue el devenir de los Spiegelman hasta su migración a Estados Unidos y el suicidio de la madre del autor.

Tierna, por momentos; Franca y dura todo el tiempo, esta es una historia que hay que leer para conocer, olvidar y recordar para que este tipo de hechos no vuelvan a suceder.

"Maus" obtuvo un Premio Pulitzer en 1992.


jueves, 9 de diciembre de 2010

¡¡La Biblioteca afectiva!!

Una de mis grandes aficiones es leer. Desde que tuve el primer libro entre mis manos, parece que me cuesta soltar cuantos caen en mis manos, además de que adquirí la costumbre de entrar a cuanta librería hubiera en los centros comerciales, con la ilusión en el rostro y la desesperanza en el bolsillo, contenta únicamente con enterarme de las novedades editoriales.
No queda duda de que me he vuelto adicta: He pasado días enteros con la nariz metida en un texto con olor a nuevecito y he llegado a almorzar mientras tengo la vista pegada a las palabras que me narran una historia que me esclaviza.

Leer es una pasión que a veces me atormenta por lo oneroso que implica suplir esta adicción y afán coleccionista, pero que siempre me mantiene con una sonrisa en los labios, una idea que me ande rondando la mente, un diferente vistazo de mundos que jamás pueda conocer...Cuando pienso en lo que significan los libros para mí, me doy cuenta de que les debo mucho, pero le debo mucho más a la persona que me enseñó a amarlos: Mi padre.

Más que una adicción, un hobby o una obsesión, muchas veces leer implica revivir el amor de quien nos enseñó a explorar mundos a la distancia y a atesorar el conocimiento. Es, sobre todo, una experiencia emocional que marca nuestra vida, nuestro destino.

Bueno, ¿Por qué estoy tan sentimental? Todas estas reflexiones las ha originado un maravilloso y singular post del blog http://milibreria.wordpress.com/2010/08/24/la-biblioteca-afectiva/ por el que casi derramo lágrimas de emoción.

Tras su lectura me propuse compartir la experiencia con todos los que siguen este blog, así que los dejo con esta emotiva pieza literaria, disfrútenla, lloren a moco tendido si la sensibilidad les impele a eso, recuerden los buenos libros que marcaron los mejores momentos de su vida y dén las gracias a aquellos que les hicieron amar la lectura...(¡Gracias papá!)


La Biblioteca Afectiva
Hay libros que no aparecen en antologías, ni sus autores logran éxito publicitario, ni serán recordados por generaciones. Hay otros que son objeto de estudio, que marcan estilos y vanguardias. Pero la Biblioteca afectiva, TU biblioteca, no entiende de criterios ajenos, ni escucha recomendaciones, ni olvida aquel librito que te enseñó a leer, o aquel que colocabas en la almohada de niño y que quién sabe dónde esté hoy. La Biblioteca afectiva es estrictamente personal, solo existe en nuestra memoria.





Pienso en esto porque hace unos días, cuando Mi Librería hizo una compra en una casa particular, encontré un librito de apenas cuarenta páginas que yo conocía antes de saber leer. Cuando lo vi, se me fueron las manos hacia él y seguramente alguien rió a mis espaldas por ver con qué emoción salvaba aquel folletico insignificante de la basura.



Se llama Luis y el león, y estoy convencida de que solo yo en el mundo entero, lo recuerda con cariño. Bueno, me imagino que la autora también, Verónica Marek, que puede ser húngara o rumana y que no encontré por los recovecos de Google ni por ninguna parte.

De esa primera infancia también incluyo Cuentos y estampas, al que ya le dediqué un post y recomiendo que regresen a él, pues en los comentarios hay una oferta desde Brasil. No la dejen pasar los que tiene niños en casa.

Aprendí a leer con:

Mi monita maromera
salta de la mata al muro
mi monita maromera
come plátano maduro.

¿Dónde estará? Era un libro de texto de primer grado por allá por los años 60. Ha llovido mucho y el Ministerio de Educación no se detuvo. Bien sé que esa monita está en la Biblioteca afectiva de un montón de cincuentones actuales.

Cuando tenía alrededor de diez u once años, becada en una escuela deportiva, me gustaba visitar la biblioteca escolar. Hoy no tengo que hacer un gran esfuerzo mental para visualizar el libro que más pedía: Leyendas de Mesopotamia. Era de gran formato, profusamente ilustrado y probablemente editado en España por la década del 70. ¡Cómo viajé con ese libro en tiempo y espacio! Para mí, Mesopotamia aún existía y era el centro del mundo.

Con mi padre compartí muchas tardes experimentando con las propuestas del libro Física recreativa de Perelman. Fue una época de descubrimientos, de reguero sobre la mesa, agua, fuego y asombros. Luego compartí esta experiencia con mis hijos, y volví a meter huevos sin romperse en una botella e hicimos flotar nuevamente una aguja en la superficie del agua. De alguna manera ellos trajeron a su abuelo de vuelta.



Ya en séptimo grado, tuve una enfermedad tonta que me mantuvo en cama durante más de un mes. Entonces leí mi primer “gran” libro: la trilogía de Yuri Guerman : Esta es tu causa, Mi ser querido y Respondo por todo. Entre los tres había cerca de dos mil páginas y cuando terminé debo haber sentido algo parecido a Iniesta cuando anotó el gol definitorio en el pasado Mundial de fútbol. Lo he vuelto a ver en librerías de viejos y lo sigo recomendando.

Por los años 80 tuve un novio que me regaló el libro Capítulos de literatura cubana. Estábamos en la universidad y cuando leí la dedicatoria me sentí privilegiada. Ese joven me veía inteligente, así que no lo dejé escapar y aún hoy es mi esposo. A propósito, le pregunté a Leo qué libro incorporaría en su Biblioteca afectiva y me hizo una anécdota que quiero compartir:

Siendo un niño bien travieso, en un plan de la calle, participó en una rifa y se ganó el libro Pinocho. Era la novela completa, no una versión de la maravillosa historia de Collodi. Otro niño hubiera seguido la fiesta, pero él subió corriendo las escaleras hasta su cuarto, y no salió hasta que Gepeto vio a Pinocho convertido en un niño de verdad. Él también fue otro desde entonces y hoy no le quita mérito a su nombre.

Le pregunté también a mis hijos: Eddie mencionó rápidamente La Familia Mumín, hermoso libro de la escandinava Tove Jansson, que puse tempranamente en sus manos y Diana me alcanzó el suyo, pues lo conserva con celo: La Historia interminable, de Michael Ende. Ahora no pesa lo caro que nos costó. Lo gracioso es que ambos mencionaron un libro con el que reían mucho juntos y que no recordamos su nombre exacto, era de un mundo de cavernosos, seres cochinos que no se bañaban y estaban llenos de fango, las aluciones escatológicas y sus dibujos asquerosos despertaron sus risas infantiles. Todavía las escucho maliciosas.


Mi bautizo de fuego lo marcó La Consagración de la Primavera, de Alejo Carpentier, que hoy por hoy, sigue siendo mi novela favorita, porque me dio la sensación de poder, de capacidad, me dio la certeza de que a partir de entonces mi apreciación por la lectura cambiaría, se haría más selectiva y exigente. Y así fue.

Se me quedan muchos, pero si estos fueron los que salieron a flote a golpe de memoria, es que son los que son.

¿Cuál es tu Biblioteca afectiva?

Busca aquellos libros que marcaron tu vida, no las grandes obras. Tal vez hoy no estén en tu librero, pero el día que vuelvas a verlo, por insignificante que a otros les parezca, le dirás irremediablemente: ¿te acuerdas?

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Adela, ¡¡¡Mil gracias por tu maravilloso post!!! Y a todos ustedes, amigos y amigas, los invito a que visten el blog literario milibreria.wordpress.com en donde encontrarán más joyas literarias como la que les acabo de presentar.